Mano saliendo de una tumba en plena noche
No todos los personajes históricos son recordados por sus obras o por sus hazañas. Algunos de ellos, a pesar su magnífico legado, son recordados por morir de una forma absurda. Este es el caso de las siguientes personalidades.
Isidora Duncan fue una brillante bailarina estadounidense con una corta pero intensa fama. Además de por moverse como los ángeles, pasó a la historia por haber sufrido una muerte muy poco común.
La bufanda que llevaba enrollada al cuello se enredó en una de las ruedas de su coche cuando se disponía a subir a él. Éste arrancó tirando de la prenda y estrangulándola hasta la muerte.
El famoso científico de la Grecia Antigua tuvo una muerte nada acorde con su vida. Un soldado le atravesó con su espada en una reyerta.
Aguantar las ganas de orinar puede ser más peligroso de lo que parece. El conocido astrónomo del siglo XVI, Tycho Brahe, murió por no orinar tras beber en exceso durante una cena.
En el año 1931, en París, se creía que el agua estaba contaminada por tifus. Bennet decidió beber esa agua para demostrar que el pueblo era inculto. Murió a causa del tifus pasados unos días.
A él le debemos la famosa tragedia griega, pero la vida no iba a recompensarle como se merecía. Un fatídico día recibió un duro golpe en la cabeza que acabó con su vida. El impacto fue provocado por una tortuga que se había librado en el aire de las garras de un águila.
Maximiliano de Austria, emperador del Sacro Imperio Germánico Romano, murió debido a una fuerte indigestión causada por una ingesta desmesurada de melones.
Gaudí, uno de los arquitectos más creativos de todos los tiempos, falleció arrollado por un tranvía en Barcelona. Tras el choque, nadie le ayudo porque no lo reconocieron y quedó tendido en el suelo sin ninguna atención.
Enrique I de Castilla nunca llegó a la edad adulta. El motivo fue una pedrada que recibió jugando con sus amigos cuando solo tenía 13 años de edad.
El Nobel de Literatura de 1957 atrajo a la muerte con sus palabras. Cuando la prensa informó sobre la muerte del ciclista Fausto Coppi, en un accidente en carretera, el escritor dijo que no conocía una forma más idiota de perder la vida. A los pocos días, Camus falleció de la misma manera.
Tuvo un reinado muy poco fructífero y un final ocasionado por su propia mascota. Su mono le mordió contagiándole la rabia y provocándole una infección que terminó matándole.
Una mosca de gran tamaño se introdujo en la boca del Papa mientras paseaba, alojándose en su garganta y asfixiándolo hasta la muerte. Por más que lo intentaron, no pudieron hacer nada por él en el momento del infortunio.
El compositor franco-italiano usaba una pesada batuta para marcar el compás de la partitura a su orquesta cuando ésta le cayó en el pie provocándole heridas aparentemente leves. Un mal seguimiento de las lesiones provocó la aparición de gangrena, la cual le causó la muerte.